por alguna razón me tocaba irme en metro a casa en hora pico. no estaba yo para soportarlo. le pedí a DRs que me dejara en Coyoacán y eché a andar hasta que el camino a mi casa estuviera más transitable.
primera parada: El Parnaso. siempre que voy me quedo con ganas de gastar más en libros. me traje “El pintor de batallas” de Pérez-Reverte y los “Cuentos completos vol. I” de San Julio Cortázar.
segunda parada: El hijo del cuervo. toco el próximo martes ahí (con DRs) y chequé la logística pa dejar mis cosas. complicado, pero vale la pena por tocar con DRs y con la buena FF (saxofonista, güerita y agradable que de no ser cristiana hubiera sido lo que mis amigos llaman “novia-novia” hace unos años, mi güera apestosa).
tercera parada: La puerta del sol -¡obvio! no la más grande, ni la mejor, ni la más variada, pero la cantina que más me gusta de Coyoacán, me trae muchísimos recuerdos, el más reciente es mi cumpleaños. pintoresco, lindo lugar. por primera vez pedí un tarro en la barra. no sé en cuántos cuentos y novelas leo sobre un personaje “acodado en la barra del bar”. ese era yo.
cuarta y última parada: el cafecito de la plaza de la conchita cuyo nombre nunca he sabido. la semana pasada (¿a qué fui?) me refugiaba, igual que ayer, de la lluvia y pedí un latte (en la barra, algo muy distinto a hacerlo en una cantina) y ese día me topé a Eduardo Piastro (maestro, oh maestro). ayer me topé a un par de mujeres escandalosas y agradables. no, no pedí mails ni teléfonos ni nada, no era la intención.
a veces soy un personaje de coyoacán. me caigo bien.