(tal vez quede: “historia de un coche viejo, el jazz y un pre-coitus interruptus”, o tal vez “de cómo el jazz salva hasta el fin de semana más pedorro”)
es jueves. decido no salir. en un viaje que pude hacer a pie prefiero llevar el carro. lo dejo en doble fila con las intermitentes Y LOS FAROS encendidos. bajo 15 minutos y obvio, se baja la batería. no tengo pila en el celular, ni cables, y son las 9pm en una colonia anti-nice. acabo empujando mi tsuru todoterreno cosa de cuatro kilómetros, tres de ellos en un eje vial. los tráilers pasan rozándome las nalgas. entre el nervio y mi vida sedentaria llego a casa con piernas y brazos hechos gelatina.
es viernes. toco en la mañana. molido por la noche anterior, paso tarde por mi amigo y llegamos tarde a tocar. mi amigo está enfermo y deja cierto equipo médico en mi carro. estaciono el carro en una curva donde no ha habido bronca (de noche: de día pasan grúas a cada rato). en mi primer break salgo a mover mi carro y descubro que se lo han llevado. paso al corralón después de tocar, pago $600, regreso a casa en hora pico de viernes de quincena, me hago dos tacos (no recuerdo ni de qué) y vuelvo a tocar. caigo como tabla a eso de las 4am.
es sábado. sin gran bronca salvo que es el tercer sábado del mes y no circulo. la vida de peatón no se hizo para mí.
es domingo. inusitadamente CG dice que me alcanza en el jazz fest de Tlalpan. no lo hace, y después de lo que me agradaba la chava es raro lo poco que me afecta el plantón. tengo llamadas perdidas de números que no conozco pero prefiero no especular.
acabo por ir solo al Centro Cultural Ollin Kan de Tlalpan a ver a Eduardo Piastro (g) y Pablo Hidalgo (fl). no debería, pero me sorprende ver en la batería a un amigo con quien no toco desde mi graduación.
el concierto, bellísimo. todos tocan bien pero nunca los había oído juntos. al final subo a saludar y me topo algunas personalidades relevantes de la mafia del jazz mexicano. todos me reconocen y me empiezo a sentir como en una fiesta a la que hace mucho me invitaron y a la que apenas supe cómo llegar.
NOTA: favor de acallar las exclamaciones de “¡por fin, cabrón!”
después de eso, la madrugada de hoy lunes, ni siquiera mi nueva “amiga” tiene la misma influencia. se fue sola a su casa y yo, música en mano, a la mía. algo acaba de cambiar…
y en un tris, todo el fin de semana valió la pena.