¡dos segundos!
Haz de cuenta que voy llegando, ¿no? La veo y cambiamos sonrisas discretas de compañeros.
Viene el beso protocolario, el abrazo entre eso y de cuatísimos. Un abrazo que duró dos segundos más de lo normal, una mano que no se quiere ir… la suya, no te vayas con la finta de mi puerquez, ná que ver. A propósito o por accidente, la quise sentir.
Y se sacude la panza. Y brilla la mañana. Y todo está bien.
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