profecía cumplida
Obvio. El cumpleaños de tu hijo es a principios de septiembre. Yo sabía que llamarías… y que no te atreverías a decir nada más. “Sólo para saber cómo estoy”.
Te agradezco muchas cosas. Te respeto más de lo que cualquiera que haya estado contigo te haya respetado. Hace tiempo que te perdoné la humillación, la crueldad… (no eras conciente de tus actos, eran reacciones de tu problema). Pero el agradecimiento, el respeto y el perdón no alcanzan para ser “amiguitos”: falta algo.
Ya no te creo lo que dices. Ya no confío en tus palabras. Confío en los hechos… imagínate.
Estoy bien, gracias.
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